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LOS NUEVOS ASESORES DEL MINISTERIO DE SANIDAD TIENEN IMPORTANTES INTERESES EN LA SANIDAD PRIVADA

Para la Federación de Asociaciones en Defensa de la Sanidad Pública (FADSP), esta nueva composición del Consejo supone el “desembarco masivo de los intereses de las empresas privadas en el organismo asesor del Ministerio de Sanidad”.

La vicepresidencia ha quedado en manos de Francisco de Paula Rodríguez, director de estrategia de MEDTRONIC IBERICA, una gran multinacional de tecnología sanitaria; y se ha nombrado de secretaria general a Ofelia de Lorenzo Aparicio, abogada del bufete De Lorenzo Abogados, especializado en derecho sanitario.

También están representantes de las empresas privadas de provisión sanitaria y de las empresas farmacéuticas, primando así, denuncia la FADSP, “la presencia de los intereses privados en el sector, además de los de las corporaciones (colegios profesionales)”, ya que sus presidentes forman parte como miembros natos en este órgano.

El Consejo Asesor de Sanidad, integrado en el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, es un órgano consultivo y de asistencia a la persona titular del Departamento en la formulación de la política sanitaria.

A juicio de la FADSP, el Consejo “carece de cualquier viso de pluralismo ideológico, de solvencia técnica sobre salud pública y de representación de los intereses generales, y solo recoge los de los grupos que presionan por la privatización del sistema sanitario. Una evidencia más de que la ministra carece de interés en nuestro sistema sanitario público y que lo mejor que podía hacer por el mismo es irse”, señalan.

Como vocales figuran: Juan Abarca Cidón; Víctor Pérez Díaz; José Luis Puerta López-Cózar; Pilar Garrido López; Diego Murillo Carrasco; Ángel Carracedo Álvarez; Julio Sánchez Fierro; Bartolomé Beltrán Pons; José Ramón González Juanatey; Juan José Afonso Rodríguez; María Sanjurjo Sáez; Vicenç Martínez Ibáñez; Juan Martínez León; María Rosario Fernández García; Mario Mingo Zapatero; Javier Cabo Salvador; Rafael Matesanz Acedos; Tomás Castillo Arenal; Eulalia Juvé Udina; Luciano Vidán Martínez. (nuevatribuna.es)

Los estadounidenses se ven obligados a recurrir al ‘crowdfunding’ para tener hijos

Cuando Kristen y Charlie King se preparaban para tener a su primer hijo, parecía que todas sus fuentes de ingreso tenían un inconveniente.

El Spokane, en Washington, el bistró donde trabaja Kristen de cocinera y encargada, ofreció bastante apoyo: le dieron mucho tiempo libre, primero para reposo en cama bajo órdenes de su médico, y después para la baja por maternidad. Pero ninguna de las veces fue una baja remunerada.

King, de 36 años, sirvió durante 10 años en el Ejército estadounidense como mecánica de helicóptero, gateando entre maquinaria de manera que acabó con una lesión crónica de espalda. Recibió un seguro médico decente a través del Departamento de Asuntos de Veteranos, pero su póliza no cubriría a su nuevo bebé, Jaxon, después de nacer.

Jaxon nació con muchas semanas de adelanto, lo que provocó un problema de calendario. El momento de la baja por maternidad de King y el período de apertura para la inscripción en el seguro de su lugar de trabajo significó que no podría contratar un seguro para Jaxon durante sus primeras semanas de vida. Y Jaxon tuvo facturas médicas costosas.

Era una tormenta perfecta, poniendo en peligro la capacidad de los King para pagar su alquiler y la letra del coche, comprar regalos de Navidad para los hijos de Charlie, e incluso pagar la mensualidad de los anillos de boda de la pareja.

“Nos pasamos la Navidad dando vueltas por la casa, mirándonos el uno al otro, intentando decidir cómo íbamos a comprar la leche en polvo”, dice King. Así que siguió el camino que los nuevos padres están tomando en masa para cubrir los costes de nacimiento: la financiación colaborativa, el crowdfunding.

Una situación común
La financiación colaborativa online para encontrar ayuda en el dañado sistema de salud estadounidense no es nada nuevo. Las peticiones por razones médicas constituyen casi la mitad de todas las campañas en GoFundMe –desde principios de 2015 a mediados de 2016 estas campañas han recaudado 930 millones de dólares (unos 750 millones de euros)– y el 70% de las campañas en la página orientada a la caridad GiveForward.

Poco se sabe del papel que juega el crowdfunding en uno de los eventos familiares más costosos y comunes que se pueden experimentar.

EEUU lidera el mundo desarrollado en cuanto a los altos costes de dar a luz, y el nacimiento de niños es la raíz de una cantidad considerable de quiebras por deudas médicas. Incluso con seguro, la media de lo que puede costar tener un hijo puede llegar a los miles de dólares. Las complicaciones pueden desembocar en aún más costes.

Nora Kenworthy, que ha estudiado la financiación colaborativa de costes médicos con Lauren Berliner, ambas profesoras de la Universidad de Washington, dice que las dos se encontraron continuamente con padres primerizos recaudando dinero por complicaciones en el parto que no esperaban, como una estancia en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN) o un parto prematuro.

Kenworthy señala que el hecho de haberse encontrado estos casos sugiere que hay algo en el sistema que no funciona.

“Nuestra regla general es: si puedes pensar en un grupo de gente que esté teniendo dificultades con las facturas médicas, y a las que el seguro no ayuda, pueden optar por el crowdfunding”, dice Kenworthy.

“La financiación colectiva es el producto de vacíos persistentes en nuestro sistema de salud. Cuando gente cae en esos vacíos, muchas veces optan por estas plataformas como última salida”.

Motor de desigualdad
La investigación de Berliner y Kentworthy también concluyó que el crowdfunding puede ayudar a que la desigualdad arraigue, al depender de tener una gran red social con dinero para gastar así como con buen conocimiento de marketing online. La gente suele recaudar más dinero para pequeñas crisis de salud, más que para enfermedades crónicas; en ese sentido, dice Kenworthy, las campañas relacionadas con nacimientos pueden conseguir más dinero que la campaña media. Pero de las 200 campañas en GoFundMe en su estudio, el 90% no consiguió alcanzar sus objetivos.

Así ha ocurrido con la campaña de King. Cuando se escribió este artículo, la pareja había recaudado 200 dólares del objetivo establecido de 1.500 dólares (unos 1.200 euros). [La publicación de este artículo en The Guardian pudo hacer que la cantidad hubiera alcanzado este viernes los 1.360 dólares.]

Una razón que puede explicar su déficit puede ser que sus problemas no son claros y ordenados, dentro de lo que podía ser. Problemas más claros suelen inspirar más respuesta de donantes, dice Kentworthy. Como ejemplo hipotético, imagina una paciente con cáncer que necesita una cantidad exacta de dinero para cubrir una terapia puntual y segura.

Por otro lado, los padres primerizos, suelen enfrentarse a problemas impredecibles. Para los Kings, el dinero no habría ido para tratamientos de vida o muerte, sino repartido entre facturas de hospital, pagos de la camioneta, alquiler y otras crisis cotidianas que no podrían prever. Jaxon nació con un defecto en la lengua que hacía difícil amamantarle. Perdió más peso y más rápido de lo que los médicos esperaban, y sus padres se encontraron con que tenían que complementar dar el pecho con una leche para bebé muy cara.

Mucho peor para una campaña de GoFundMe es que su situación es el producto de problemas muy comunes: un presupuesto familiar estrecho, una carencia en la póliza de seguro del que nadie se dio cuenta hasta que fue importante, un período de inscripción con malos plazos, y un trabajo que no ofrece bajas remuneradas ni bajas por maternidad pagadas.

King ha apreciado el tiempo que ha pasado en casa con su hijo durante sus primeras semanas de vida, pero ese tiempo se ha visto ensombrecido por un temor: ver que la cuenta familiar del banco se reduce cada vez más mientras que esperan a que llegue la siguiente nómina y los pagos por minusvalía –su marido también es un exmilitar que sufrió una lesión permanente en Irak.

“Estas son las únicas ‘primeras semanas’ que voy a tener con mi hijo, y estoy intentando disfrutarlas mientras puedo”, dice King. “Pero ha sido extremadamente estresante”.

“AHORA UNO SE EXPLOTA A SÍ MISMO Y CREE QUE ESTÁ REALIZÁNDOSE”

Las Torres Gemelas, edificios iguales entre sí y que se reflejan mutuamente, un sistema cerrado en sí mismo, imponiendo lo igual y excluyendo lo distinto y que fueron objetivo de un atentado que abrió una brecha en el sistema global de lo igual. O la gente practicando binge watching (atracones de series), visualizando continuamente solo aquello que le gusta: de nuevo, proliferando lo igual, nunca lo distinto o el otro… Son dos de las potentes imágenes que utiliza el filósofo Byung-Chul Han (Seúl, 1959), uno de los más reconocidos diseccionadores de los males que aquejan a la sociedad hiperconsumista y neoliberal tras la caída del muro de Berlín. Libros como La sociedad del cansancio, Psicopolítica o La expulsión de lo distinto (en España, publicados por Herder) compendian su tupido discurso intelectual, que desarrolla siempre en red: todo lo conecta, como hace con sus manos muy abiertas, de dedos largos que se juntan mientras cimbrea una corta coleta en la cabeza.

“En la orwelliana 1984 esa sociedad era consciente de que estaba siendo dominada; hoy no tenemos ni esa consciencia de dominación”, alertó ayer en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), donde el profesor formado y afincado en Alemania disertó sobre la expulsión de la diferencia. Y dio pie a conocer su particular cosmovisión, construida a partir de su tesis de que los individuos hoy se autoexplotan y sienten pavor hacia el otro, el diferente. Viviendo, así, en “el desierto, o el infierno, de lo igual”.

 

Autenticidad. Para Han, la gente se vende como auténtica porque “todos quieren ser distintos de los demás”, lo que fuerza a “producirse a uno mismo”. Y es imposible serlo hoy auténticamente porque “en esa voluntad de ser distinto prosigue lo igual”. Resultado: el sistema solo permite que se den “diferencias comercializables”.

 

Autoexplotación. Se ha pasado, en opinión del filósofo, “del deber de hacer” una cosa al “poder hacerla”. “Se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede”, y si no se triunfa, es culpa suya. “Ahora uno se explota a sí mismo figurándose que se está realizando; es la pérfida lógica del neoliberalismo que culmina en el síndrome del trabajador quemado”. Y la consecuencia, peor: “Ya no hay contra quien dirigir la revolución, no hay otros de donde provenga la represión”. Es “la alienación de uno mismo”, que en lo físico se traduce en anorexias o en sobreingestas de comida o de productos de consumo u ocio.

 

‘Big data’.“Los macrodatos hacen superfluo el pensamiento porque si todo es numerable, todo es igual… Estamos en pleno dataísmo: el hombre ya no es soberano de sí mismo sino que es resultado de una operación algorítmica que lo domina sin que lo perciba; lo vemos en China con la concesión de visados según los datos que maneja el Estado o en la técnica del reconocimiento facial”. ¿La revuelta pasaría por dejar de compartir datos o de estar en las redes sociales? “No podemos negarnos a facilitarlos: una sierra también puede cortar cabezas… Hay que ajustar el sistema: el ebook está hecho para que yo lea, no para que me lea a mí a través de algoritmos… ¿O es que el algoritmo hará ahora al hombre? En EE UU hemos visto la influencia de Facebook en las elecciones… Necesitamos una carta digital que recupere la dignidad humana y pensar en una renta básica para las profesiones que devorarán las nuevas tecnologías”.

 

Comunicación. “Sin la presencia del otro, la comunicación degenera en un intercambio de información: las relaciones se reemplazan por las conexiones, y así solo se enlaza con lo igual; la comunicación digital es solo vista, hemos perdido todos los sentidos; estamos en una fase debilitada de la comunicación, como nunca: la comunicación global y de los likes solo consiente a los que son más iguales a uno; ¡lo igual no duele!”.

 

Jardín. “Yo soy diferente; estoy envuelto de aparatos analógicos: tuve dos pianos de 400 kilos y durante tres años he cultivado un jardín secreto que me ha dado contacto con la realidad: colores, olores, sensaciones… Me ha permitido percatarme de la alteridad de la tierra: la tierra tenía peso, todo lo hacía con las manos; lo digital no pesa, no huele, no opone resistencia, pasas un dedo y ya está… Es la abolición de la realidad; mi próximo libro será ese: Elogio de la tierra. El jardín secreto. La tierra es más que dígitos y números.

 

Narcisismo. Sostiene Han que “ser observado hoy es un aspecto central de ser en el mundo”. El problema reside en que “el narcisista es ciego a la hora de ver al otro” y sin ese otro “uno no puede producir por sí mismo el sentimiento de autoestima”. El narcisismo habría llegado también a la que debería ser una panacea, el arte: “Ha degenerado en narcisismo, está al servicio del consumo, se pagan injustificadas burradas por él, es ya víctima del sistema; si fuera ajeno al mismo, sería una narrativa nueva, pero no lo es”.

 

Otros. Es la clave de sus reflexiones más recientes. “Cuanto más iguales son las personas, más aumenta la producción; esa es la lógica actual; el capital necesita que todos seamos iguales, incluso los turistas; el neoliberalismo no funcionaría si las personas fuéramos distintas”. Por ello propone “regresar al animal original, que no consume ni comunica desaforadamente; no tengo soluciones concretas, pero puede que al final el sistema implosione por sí mismo… En cualquier caso, vivimos en una época de conformismo radical: la universidad tiene clientes y solo crea trabajadores, no forma espiritualmente; el mundo está al límite de su capacidad; quizá así llegue un cortocircuito y recuperemos ese animal original”.

 

Refugiados. Han es muy claro: con el actual sistema neoliberal “no se siente temor, miedo o asco por los refugiados sino que son vistos como carga, con resentimiento o envidia”; la prueba es que luego el mundo occidental va a veranear a sus países.

 

Tiempo.Es necesaria una revolución en el uso del tiempo, sostiene el filósofo, profesor en Berlín. “La aceleración actual disminuye la capacidad de permanecer: necesitamos un tiempo propio que el sistema productivo no nos deja; requerimos de un tiempo de fiesta, que significa estar parados, sin nada productivo que hacer, pero que no debe confundirse con un tiempo de recuperación para seguir trabajando; el tiempo trabajado es tiempo perdido, no es tiempo para nosotros”. (elpais.es)

La ola europea contra la privatización del agua

Desde 2010, la ONU reconoce el acceso al agua como un derecho humano. En territorio de la Unión Europea, donde al agua no se le ha concedido este estatus, en su día se puso de moda dejar la gestión de los recursos hídricos en manos de grandes empresas. Cosas de la doctrina neoliberal, que considera la gestión privada de recursos de interés general como la mejor de las opciones posibles.

Sin embargo, nada parece estar más lejos de la realidad, al menos en lo que al agua se refiere. En este ámbito, en los últimos quince años la tendencia se ha invertido. Las empresas pierden terreno en beneficio de los actores públicos. Ya son numerosos los ejemplos de ciudades que han recuperado el control de sus aguas.

Se estima que, entre marzo de 2010 y marzo 2015, se han producido unas 235 remunicipalizaciones del agua en el mundo. “La tendencia de remunicipalización del agua es algo muy serio, más serio incluso de lo que puedan indicar las cifras”, dice a  eldiario.es Emanuele Lobina, profesor de la Universidad Greenwich de Londres y uno de los responsables de la Unidad de Investigación de Servicios Públicos de dicha institución académica.

“La remunicipalización es algo nuevo, pero lo cierto es que la tendencia de la privatización sigue ahí porque cuenta con el apoyo de la Comisión Europea, de los Gobiernos nacionales, del Banco Mundial, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, en definitiva, de los grandes poderes”, abunda Lobina.

Buena parte de las más de 200 remunicipalizaciones que han tenido lugar en el último lustro se han registrado en Francia. Hasta 94 ha contado allí Lobina. “Es normal, los franceses inventaron la privatización del agua”, apunta este investigador. En España, entre 2010 y 2015, tuvieron lugar una treintena de remunicipalizaciones – como las de Manacor, Ermua, Arenys de Munt, Medina Sidonia o la veintena de localidades andaluzas cuyas aguas están ahora en manos del consorcio Aguas del Huesna. Posteriormente vendría la de Valladolid, cuyo consistorio, en manos del socialista Óscar Puente, es el primer gran ayuntamiento de España en decidir remunicipalizar el agua.

Turín (norte italiano) probablemente sea el último y más visible ejemplo de esta tendencia en Europa. El pasado otoño, el Consejo Municipal de esa ciudad italiana, dirigido por Chiara Appendino, integrante del Movimiento 5 Estrellas, aprobaba una resolución por mayoría absoluta para remunicipalizar el sistema de aguas de la ciudad, privatizado en 1997. Tras veinte años en manos privadas, Turín daba así un primer paso decisivo en recuperar la gestión de su agua.

En otras grandes ciudades europeas, como París o Berlín, la batalla por devolver al control público un recurso tan importante como el agua hace tiempo que trajo sus frutos. La capital francesa, tras un cuarto de siglo de gestión privada, recuperaba en 2010 su “soberanía hídrica”. El ayuntamiento de la metrópolis gala decidió no renovar los contratos que tenía con las empresas Veolia y Suez, una situación similar a la de Valladolid en España. Más reciente que el caso parisino es el de Berlín, donde la privatización duró quince años, hasta 2014. De esa experiencia habla a  eldiario.es Sigurn Franzen, de la plataforma Berliner Wasser Tisch, o “Mesa del Agua de Berlín”.

Ella y un puñado de militantes salidos de la Asociación por la Tasación de las Transacciones Financieras y por la Acción Ciudadana (ATTAC) en Alemania están detrás de esa reconquista hídrica. “La privatización en Berlín se llevó a cabo en 1999 y había gente de ATTAC aquí que no estaba de acuerdo y que quería movilizarse”, cuenta Franzen, ahora jubilada tras una larga carrera trabajando como secretaria en altas instancias empresariales. Desde sus vivencias, esta veterana de las movilizaciones sociales aporta no pocos consejos para aquellos que quieran desafiar el erosionado status quo neoliberal.

Movilización social

Para lograr una remunicipalización, es preciso contar con un grupo de personas organizadas. No debe ser numeroso. “La mayoría de los casos de remunicipalización de agua son consecuencia de la movilización social, como en Berlín”, apunta Lobina. Franzen y sus compañeros de militancia por la remunicipalización del agua en Berlín se conocían gracias a la ATTAC de sus primeros días. “En las reuniones cada dos semanas que manteníamos en los días de mayor movilización había cuarenta o cincuenta personas”, recuerda Franzen.

Ella habla de las intensas jornadas de 2010 en las que la Mesa del Agua de Berlín llegó a recoger hasta más de 280.000 firmas de personas a favor de una petición de referéndum sobre la necesidad de hacer públicos los contratos secretos que las empresas Vivendi – la actual Veolia – y RWE firmaron con las autoridades de la ciudad-estado de Berlín para entrar en el capital de la Empresa de Aguas de Berlín (BWB, por sus siglas germanas). Gracias a la privatización, ambas pasaron a sumar un 49% del capital de BWB. Berlín, una ciudad pobre comparada con el resto de grandes urbes alemanas, se embolsó 3.300 millones de marcos alemanes (unos 1.600 millones de euros) por la venta de la gestión de sus aguas.

Las razones de la privatización vinieron inspiradas por la CDU”, recuerda Franzen, aludiendo al partido de la canciller Angela Merkel, la conservadora Unión Cristiano Demócrata (CDU). Se supone que era una salida para acabar con las deudas de la ciudad, que en la última década del siglo pasado alcanzaban los 35.000 millones de euros. También los había que confiaban en la privatización como un estímulo para el empleo.

Dejemos a las empresas hacer un trabajo más emprendedor, así los trabajadores gozarán de un trabajo más seguro, más innovador y mejor pagado, y también quienes buscan empleo en Berlín”, decía, por ejemplo, el democristiano Elmar Pieroth, responsable de asuntos económicos de la capital teutona entre 1996 y 1998. Ese periodo fue clave para que calara el mensaje favorable a la privatización. Ésta, en concreto, se forjó en los días en que el conservador Eberhard Diepgen era alcalde de Berlín.

Los partidos políticos no (siempre) son necesarios

En sus actividades, la Mesa del Agua de Berlín no contó con los favores de ningún partido político. Si acaso, Franzen reconoce algo de apoyo de las bases del ahora insignificante Partido Pirata, una formación que en 2011 llegó a sumar el casi 9% de los votos en las elecciones regionales de Berlín. Una legislatura después, apenas sumaron en los comicios de 2016 un 1,7% de los votos. Políticamente, el barco del Partido Pirata está hundido.

El día en que se aprobó la privatización, hubo algunos votos en contra del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), mientras que el partido que ahora es  Die Linke  se opuso”, rememora Franzen. Ella y el resto de compañeros de la Mesa del Agua de Berlín no recibieron el apoyo político de ningún partido, pese a que Die Linke inicialmente se opuso a la privatización. En 2001, el Partido del Socialismo Democrático (PDS) – precursor de la actual Die Linke – entró en Berlín en una coalición gubernamental con el SPD liderada por el socialdemócrata Klaus Wowereit.

En un primer momento hablamos con el grupo parlamentario de Die Linke (PDS, por aquel entonces), pero todos los partidos estaban implicados en la privatización, después se supo que Harald Wolf, uno de sus responsables, había contribuido el mantenimiento de unos contratos secretos, firmados para 30 años y en los que se garantizaban los beneficios a las compañías”, lamenta Franzen.

Pese a las promesas que acompañaron a la privatización, la Mesa del Agua de Berlín pudo constatar “un notable encarecimiento del servicio y una caída drástica de las inversiones”, asegura Franzen. El Gobierno de la ciudad-estado reconocía en 2010 que, entre las diez grandes ciudades alemanas, Berlín era la que tenía el agua más cara. Ésto lo tuvieron que asumir los ciudadanos de una ciudad “pobre, pero sexy”, según los términos de Wowereit.

En poco tiempo, la entrada de actores privados en BWB encareció el agua. Por ejemplo, “entre 2003 y 2006 el precio creció un 20%”, según Lobina, el responsable de la Unidad de Investigación de Servicios Públicos de la Universidad de Greenwich de Londres. Además, entre 1999 y 2010, el número de trabajadores en BWB se redujo sensiblemente, pasando de unas 6.280 personas poco más de 5.200.

Pruebas en mano, Franzen y sus compañeros de militancia decidieron salir a la calle para hacer llegar la idea de que, en manos privadas, el agua se había convertido en un problema. “Se privatizó, según se dijo, porque Berlín tenían muchas deudas. Pero Berlín ha seguido teniendo deudas, la privatización no ayudó a combatirlas [actualmente la deuda acumulada de la ciudad llega a los 59.000 millones de euros, ndlr.]. Pero, por el camino, Veolia y RWE han estado ganando dinero”, apunta Franzen. “Por eso salimos a la calle. Hicimos flayers, puestos informativos, movilizaciones. Hicimos que el tema se diera a conocer”, agrega. La Mesa del Agua de Berlín pronto se dio cuenta del importante apoyo popular con el que contaba su causa. De ahí que pudieran recoger las más de 280.000 firmas de personas a favor de una petición de referéndum.

Referéndum en Berlín

Esas firman eran más que suficiente para convertir la iniciativa ciudadana en una votación. En Berlín existen mecanismos para que este tipo de iniciativas se traduzcan en un referéndum. Para que éste se celebrara, también fue necesario superar las resistencias del Gobierno berlinés, que apelaba al secreto profesional y a la mismísima Ley Fundamental alemana en su lógica contra la remunicipalización.

La cita con las urnas terminó por tener lugar el domingo 13 de febrero de 2011. Ese día, el Gobierno berlinés, contrario a las intenciones de la Mesa del Agua de Berlín, recibió una “ducha fría”, según los términos del diario de la capital Der Tagesspiegel. El Ejecutivo berlinés estaba aparentemente satisfecho con los contratos de Veolia y RWE. “El 98,8% de la gente que participó en el referéndum votó a favor de nuestra propuesta”, rememora Franzen.

En la votación participaron algo más de 660.000 berlineses, un 27% de la población. Que prácticamente todos ellos quisieran que el Gobierno abandonara su política favorable a Veolia y REW puso bajo una enorme presión a autoridades y empresas.

La votación empujó a decidir a las empresas a vender sus participaciones en la BWB. Urnas mediante, los berlineses pasaron la página de la privatización. La remunicipalización acababa de empezar. Oficialmente el agua regresó a manos públicas en 2014, previo pago de 1.200 millones de euros.

Esa cantidad puede parecer astronómica. Pero también lo son las cantidades que se ahorraron los berlineses después de que el Bundeskartellamt, la institución germana que regula la competencia, obligara a la BWB privada a reducir los precios del agua entre 2012 y 2018. “La reducción se corresponde con unos 440 millones de euros, más de un tercio de lo que Berlín tuvo que pagar en la remunicipalización”, concluye Lobina. (eldiario.es)

Un grupo de hospitales de EEUU creará sus propios genéricos para evitar la manipulación de las farmacéuticas

La pasada semana, una red de más de 450 hospitales de EEUU anunciaba su intención de crear una empresa farmacéutica sin ánimo de lucro para fabricar medicamentos genéricos, con el objetivo de luchar contra el desabastecimiento y los elevados precios que impone la industria. Con este movimiento, los grupos hospitalarios pretenden ejercer presión sobre algunas compañías que se han dedicado a comprar medicamentos de bajo coste, para luego elevar drásticamente los precios, unas acciones que han generado una gran controversia y que han dado lugar a varias sanciones e investigaciones sobre violaciones de la competencia, tanto en EEUU como en la Unión Europea.

“La creación de una empresa sin ánimo de lucro para la fabricación de genéricos me parece una idea muy interesante y prometedora”, asegura a eldiario.es el experto en planificación sanitaria, Fernando Lamata, “y creo que es una reacción lógica de un consumidor, como es un hospital, ante la escalada de precios y el desabastecimiento forzado por algunas farmacéuticas”.

Durante la última década varias empresas se han dedicado a adquirir fármacos antiguos que ya no disponen de patente y que tienen bajo coste, para seguidamente elevar drásticamente sus precios. Esta práctica se hace habitualmente con medicamentos para los cuales no había competencia de genéricos, como el caso de las inyecciones de epinefrina, EpiPen, que multiplicó su precio por cinco en apenas 9 años.

La manipulación del mercado de genéricos

Sin embargo, el problema actual no solo está en los “desorbitados e injustificados” precios de algunos medicamentos de marca, sino también en el propio mercado de los genéricos, asegura Lamata, que fue Secretario General de Sanidad entre 2004 y 2005 y Director General de la Escuela Nacional de Sanidad. “En ocasiones se hacen cárteles de empresas de genéricos para pactar los precios” o incluso “se han retirado del mercado medicamentos baratos para forzar a las administraciones a subir el precio”.

El problema de la manipulación del mercado de genéricos explotó definitivamente en octubre del pasado año, cuando los fiscales generales de 45 estados de EEUU presentaron un documento en el que acusaban a 18 compañías de llegar a acuerdos para dividirse el mercado de genéricos y fijar, por adelantado, los precios de hasta 15 medicamentos diferentes.

En la UE también se están investigando casos en este sentido, como el de la empresa Aspen Pharma. En febrero del pasado año, la Comisión Nacional del Mercado de Valores incoó un expediente sancionador contra esta farmacéutica por “posibles prácticas abusivas, que consistirían en la negativa de suministro de ciertos medicamentos y aplicación de precios excesivos a los mismos”.

No era la primera vez que esta compañía se enfrentaba a un expediente en un país europeo. En 2016, las autoridades italianas impusieron una multa de más de 5 millones de euros a esta empresa tras comprobar que había amenazado a la Agencia Italiana del Fármaco con interrumpir el suministro de ciertos medicamentos si no se aceptaban sus incrementos de precio.

Tras estas dos denuncias, la Comisión Europea inició una investigación en mayo del pasado año por un posible abuso de posición dominante. La Comisión sospecha que Aspen puede haber utilizado “prácticas de negociación injustas y abusivas con las autoridades nacionales”, entre las que destacan “la reducción del suministro directo de medicamentos y la amenaza de reducciones de suministros”.

Una opción estratégica para España

Los cuatro grupos hospitalarios de EEUU que han planteado la creación de una empresa sin ánimo de lucro son Intermountain Health, Ascension y los sistemas de salud católicos, Trinity Health y SSM Health. Además, también contarán con el apoyo del sistema de salud para veteranos del ejército de EEUU.

Aunque los sistemas sanitarios de EEUU y España son diametralmente opuestos, Lamata considera que “sería interesante que copiar esta iniciativa en la Unión Europea”, ya que, “los gobiernos nacionales se están viendo desbordados por la alteración de los precios”. “Para un país como España”, asegura Lamata, la creación de una empresa pública de este tipo “sería una decisión estratégica muy interesante”, puesto que “la fabricación de genéricos tiene un coste muy bajo y se puede abordar sin mucha dificultad”.

Sin embargo, la idea planteada por estos grupos hospitalarios también ha recibido algunas críticas que consideran complicado llevar a cabo una empresa de este tipo. En un artículo de opinión publicado en la revista Science, el experto en mercado farmacéutico Derek Lowe señala los problemas regulatorios a los que se enfrentaría esta nueva empresa.

“Si esta empresa va a comenzar su propio esfuerzo de fabricación de productos genéricos, tendrá que hacer cola para que la FDA le conceda una autorización”, asegura Lowe. Además, afirma que ya existe un “atasco” regulatorio importante con muchas empresas haciendo cola para recibir autorización de la agencia, con lo que añadir una nueva petición no haría más que complicar aún más el proceso. Aún así, la FDA ya ha anunciado su intención de agilizar los trámites para todos aquellas empresas que estén desarrollando proyectos destinados a paliar la escasez de genéricos.

La OIT advierte de que el precariado se consolida: cuatro de cada diez trabajadores tienen un empleo vulnerable

El incremento de los empleos vulnerables se consolida. Según las proyecciones para 2018 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), estos trabajos aumentan en número y en porcentaje a nivel mundial hasta afectar al 42,6% de trabajadores en el mundo, tras varios años en los que ya se observaba la desaceleración en su caída. Estos empleos (de trabajadores autónomos y trabajadores familiares no remunerados) suelen estar sujetos a “altos niveles de precariedad” y es menos probable que sus protagonistas accedan a “ingresos regulares” y a una “protección social”, recuerda la organización.

La OIT ha publicado este lunes su informe ‘Perspectivas sociales y del empleo en el mundo’, con las tendencias observadas para este año. Entre los datos que destaca el estudio, figura el aumento de denominado “empleo vulnerable”. A nivel mundial, su tasa se situó en el 42,5% en 2017 (unos 1.400 millones de personas) y ascenderá al 42,6% en 2018 y al 42,7% en 2019, según las proyecciones de la organización internacional. “A nivel mundial, el avance significativo logrado en el pasado en la reducción de este tipo de empleo está prácticamente estancado desde 2012”, advierte.

Se prevé que este tipo de empleo permanezca especialmente elevado en los países en desarrollo y emergentes, donde superaría el 76% y el 46%, respectivamente. En los países considerados “desarrollados”,  la tasa está en el 10%.

Creación de empleo precario

El informe recoge también que el crecimiento económico mundial alcanzó el 3,6% en 2017, “tras tocar en 2016 su nivel mínimo en seis años, el 3,2%”. Este crecimiento se mantendrá este año, según sus cálculos, por debajo del 4%, “pues en la mayoría de las principales economías la actividad económica se normaliza sin estímulos significativos y la inversión fija permanece en un nivel relativamente moderado”.

La economía crece y la tasa de desempleo se reducirá en los próximos dos ejercicios, tras tres años de subidas. La tasa a nivel mundial bajará en un punto porcentual respecto al pasado año, hasta el 5,5% en 2018; en términos absolutos, 192,3 millones de personas se hallarán en esta situación. Para 2019, la estimación es que se mantenga la tasa con el mismo porcentaje, aunque el número aumentará hasta los 192,7 millones de parados.

En los países en desarrollo, la OIT señala que el desempleo aumentará en medio millón de personas anuales tanto en 2018 como en 2019, y la tasa se mantendrá en un 5,3%. Para España, la previsión del organismo es que la tasa de desempleo se sitúe en el 15,4%, muy próxima a la estimación del Gobierno (15,5%). En la actualidad, la cifra se sitúa en el 16,38%, según la Encuesta de Población Activa (EPA), correspondiente al tercer trimestre de 2017.

En los países desarrollados el organismo identifica varias fórmulas de precariedad laboral. Aunque la tasa de desempleo disminuye, “muchos países siguen notificando una tasa elevada de subempleo [aquel en el que se trabaja menos horas de las que se desea], un amplio porcentaje de trabajadores desanimados y una creciente incidencia del empleo a tiempo parcial involuntario”.

Empuje (y peligros) del sector servicios

Entre las causas que explican la tendencia a la precariedad en el empleo, figura un giro estructural con un mayor peso del sector servicios. A nivel mundial, el empleo informal y vulnerable “no se reduciría en la medida que cabría esperar” –teme la OIT– ya que buena parte de los trabajadores que abandonan la agricultura (con importante presencia de empleo precario) encontraría empleo en el sector servicios, donde la incidencia de las malas condiciones de trabajo es más elevada que en la industria. Para los países desarrollados, el mayor empleo en el sector de los servicios “podría aumentar la incidencia del empleo a tiempo parcial y el subempleo por insuficiencia de horas”.

En cuanto al trabajo parcial, el informe destaca el aumento en los países de la Zona Euro. Este tipo de jornada laboral pasó a representar el 21,6% del total del empleo en 2016, respecto al 18,7% que suponía en 2008. Estos contratos, recuerda la OIT, suponen en general sueldos más bajos y menores perspectivas de promocionar en la carrera laboral de los afectados. Además, este tipo de contratos suelen ser un reflejo del subempleo: más del 30% de los trabajadores a tiempo parcial en la Zona Euro preferiría estar empleado a jornada completa. El estudio destaca en este punto el caso de España, Italia y Grecia, donde el porcentaje se eleva por encima del 60%.

El sector servicios también está vinculado a “nuevas formas de empleo”, entre las que figura el “ empleo por cuenta propia económicamente dependiente“, muy común en las plataformas digitales, como podrían ser los repartidores de Deliveroo, por ejemplo. En este sentido, la OIT advierte de que “estas formas emergentes de empleo, a la vez que ofrecen una mayor flexibilidad y autonomía, también puede estar relacionado con el empeoramiento de las condiciones generales de trabajo”. Entre sus posibles riesgos señala una mayor intensidad de trabajo, horas de trabajo excesivas y un acceso limitado o nulo a la protección social“-

Ante esta situación, la OIT considera necesaria la intervención con políticas que impulsen la calidad del empleo y la productividad en el sector servicios. La organización también alerta, entre otros muchos asuntos, de que “las disparidades de género son especialmente preocupantes”, un asunto que tratará más en detalle en un informe específico en marzo. (eldiario.es)

Reconocimiento a México por su desempeño en el desarme

Los miembros de las delegaciones de desarme de Austria, Brasil, Irlanda, México, Nueva Zelanda y Sudáfrica han obtenido el premio de Personalidad del Año del Control de Armas 2017 por su “liderazgo en el avance de soluciones efectivas en el control de armamentos y no proliferación”, según lo anunció el pasado 9 de enero la Asociación de Control de Armas.

Los diplomáticos que dirigen las respectivas delegaciones de desarme desempeñaron, junto con la embajadora de Costa Rica, Elayne Whyte Gómez, un papel central en las negociaciones multilaterales sobre el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares en la ONU, señaló la organización.

De acuerdo con su página oficial, más de 2.500 personas de más de 90 países votaron en el concurso en línea, el mayor número de votos de la más amplia gama de países en los 10 años de historia del concurso.

“En un año marcado por crecientes tensiones entre los Estados con armas nucleares del mundo, la negociación del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares se destaca como un logro histórico”, señaló Daryl Kimball, director ejecutivo de la Asociación de Control de Armas. (rt.com)

La inversión española en paraísos fiscales es 4 veces mayor en un año

La inversión española hacia paraísos fiscales en el último año se ha multiplicado por cuatro, con lo que la contribución de las empresas multinacionales al total de recaudación es cada vez menor y la financiación del Estado recae cada vez más en las familias, según Oxfam Interfom.

Esta es una de las conclusiones del informe “El dinero que no ves. Paraísos fiscales y desigualdad” realizado por esta ong, que insiste en pedir la aprobación de forma urgente de una ley que ponga fin a “la evasión fiscal de grandes empresas y fortunas” en España.

Según el informe, antes de la crisis las familias aportaban el 74 % del total de impuestos recaudados para pasar a aportar el 83 % en 2016, mientras que las empresas aportaron el 22 % en 2007 y el 12 % en 2016. “Se trata -apunta la ong- de un rediseño del sistema fiscal que no sólo no contribuye a reducir la desigualdad, sino que la acentúa”.

Una de las principales causas de esta situación, según se desprende del documento, es “el descalabro” que han sufrido los ingresos procedentes del impuesto de sociedades.

El impuesto que pagaron las empresas en 2016 recaudó un 52 % menos que lo que ingresaba antes de la crisis económica, mientras que la recaudación del resto de impuestos ha recuperado los niveles pre-crisis.

Esta diferencia entre lo que el impuesto de sociedades ingresaba en 2007 y actualmente lo cuantifica la ong en 23.145 millones de euros, una cantidad que, a su juicio, duplica la necesaria para pagar una renta mínima a todas las familias sin ingresos en España.

Y en esta “carrera a la baja” en la tributación empresarial, los paraísos fiscales “juegan un papel determinante”, según la organización, ya que -dice- “actúan como catalizadores de esta competencia fiscal”.

Los paraísos fiscales, según la ong, son los grandes agujeros negros de la fiscalidad internacional ya que, al ser territorios con un nivel de impuestos bajo o directamente nulo y resultar prácticamente opacos, permiten a grandes empresas y fortunas desviar beneficios y capitales que deberían tributar en sus países de origen.

Y la utilización de estos territorios se incrementa. La inversión mundial hacia ellos se ha multiplicado por cuatro en los últimos años, pero en España lo ha hecho solo en uno, entre 2015 y 2016, según la ong, es decir uno de cada cuatro euros de inversión española va hacia un paraíso fiscal.

La inversión española que se dirige hacia paraísos fiscales es un 27 % superior a la que se destina a Latinoamérica y más de la mitad de la inversión extranjera que entra en España proviene de un paraíso fiscal.

Por eso, Oxfam considera necesario una ley que permita adoptar una definición sobre paraísos fiscales vinculante y elaborar una lista en la que se establezca claramente cuáles son, además de reducir la evasión a la mitad en el plazo de cinco años.

También pide que el tipo efectivo de las grandes empresas se acerque al tipo nominal en vigor y supere la presión fiscal que soportan las pymes y promover que la contratación pública penalice a grandes empresas que operan en paraísos fiscales. (eldiario.es)

Joseph Stiglitz: “No podemos confiar en el sector financiero, si no lo regulamos, engañarán, se aprovecharán de la gente”

Joseph Stiglitz (Gary, Indiana, 1943) abandonó su carrera en física para dedicarse a la economía. Su tesis ya trataba sobre la desigualdad y, tras toda una carrera dedicada a la economía (un Nobel incluido en 2001), la brecha entre pobres y ricos todavía no parece ofrecerle tregua. Fue consejero de Bill Clinton durante su presidencia y economista jefe del Banco Mundial hasta el año 2000. Tras años predicando contra los excesos del Fondo Monetario Internacional y la desregularización del sector financiero, como una Casandra de la ciencia económica en un mundo dominado por las tesis neoliberales, la crisis financiera le dio buena parte de razón. Desde su despacho en la Universidad de Columbia, recibe a eldiario.es para hablar de los nuevos movimientos de oposición a la globalización, la regularización de Silicon Valley, el futuro del euro, la irrupción de Trump, la lucha contra el cambio climático y un sector financiero al que, según advierte, debemos seguir vigilando de cerca.

Hace 15 años escribió ‘El malestar de la globalización ’. Hoy estamos presenciando nuevas olas de descontento: desde el Brexit hasta la victoria de Donald Trump pasando por el auge de los populismos nacionalistas en Europa. ¿Se ha convertido el statu quo económico en una fuente de resultados políticos inesperados cada vez más frecuentes?
La razón por la que los problemas del malestar con la globalización se han extendido del Sur hacia al Norte es que los acuerdos comerciales se realizaron realmente en función de los intereses corporativos, así que acabas teniendo perdedores tanto en el Norte como en el Sur. ¿Y quiénes fueron los ganadores? Las corporaciones. Ganaron porque bajaron los sueldos en el Norte y consiguieron sueldos más baratos en el Sur. Lograron todas la ganancias y, al debilitar el poder negociador de los trabajadores, les robaron dinero, ya sea en el Norte o en el Sur.

¿Cómo espera que sus críticas a la globalización evolucionen en el futuro? ¿Cuáles serán las nuevas fuentes del malestar?

Ya está incluso afectando a algunas corporaciones, porque algunas ganan y otras pierden. Pero en este caso tengo menos simpatía. Mi nuevo libro, que va a salir ahora, se llama ‘El malestar de la globalización revisitado, con el subtítulo: Antiglobalización en la era de Trump’, se centra en cómo estamos viendo los viejos descontentos en los países en desarrollo más los nuevos descontentos en los países desarrollados.

¿Me puede adelantar algo?

Básicamente, el rompecabezas es: ¿cómo es posible que la globalización sea mala para los países en vías de desarrollo y mala también para los países desarrollados? Y la respuesta es: porque la definieron las corporaciones para ellas mismas. Trump dice que los acuerdos comerciales como Nafta son los peores de todos los tiempos y que desfavorecen a Estados Unidos. ¿Cómo pueden perjudicar a Estados Unidos y también a los países en vías de desarrollo? Y: ¿Es posible que perjudiquen a Estados Unidos cuando fue Estados Unidos quien los dictó? Mi respuesta es no, no es posible. Conseguimos lo que queríamos, pero era lo que las corporaciones querían, no lo que los trabajadores estadounidenses querían. Y Trump no lo arreglará porque representa a la plutocracia, a las corporaciones ricas. No está interesado en los trabajadores excepto para obtener votos. Si estuviera interesado en su bienestar, no habría propuesto un programa de seguro de salud que dejaría a 20 millones de personas sin seguro médico. No estaría proponiendo una reforma tributaria que daría todo el dinero a los más ricos. No está interesado en los trabajadores, excepto en la medida en que puede persuadirlos para que voten por él y darle más dinero.

Los movimientos de oposición son de naturaleza ideológica muy diversa, pero algunas voces los consideran el mismo tipo de respuesta contra las élites. ¿Es correcto equiparar a Podemos con Trump?

Son totalmente diferentes. El problema es que Trump está explotando este malestar. Y creo que Podemos tiene un entendimiento bastante sofisticado de por qué las cosas han salido mal y un compromiso para tratar de mejorarlas, a diferencia de lo que a menudo se llama el populismo de derechas, que utiliza el descontento para crear regímenes autoritarios o para enriquecerse. Está muy claro que Trump realmente no está preocupado por los estadounidenses comunes. Lo que ha hecho bien es persuadirlos de que se preocupa por ellos, de una forma deshonesta. Pero fue a esos lugares tan pobres, Kentucky y demás, a los que Hillary ni siquiera fue, y dijo: ‘Me preocupo por vosotros’. Pero era todo una farsa, porque ahora va y dice: ‘Voy a quitaros el seguro sanitario y voy a hacer que estéis peor’. Así que la pregunta ahora es: ¿se despertarán los estadounidenses o responderán al mensaje emocional, incluso cuando [Trump] les está robando? Y muchos demócratas están empezando a preocuparse porque, por malo que sea para esta gente, lo quieren (risas). Puede mentir, y no les molesta. ¿Qué hará falta para que sus partidarios se convenzan de que se han enamorado de alguien que no es la persona que creen que es?

Ha criticado que los acuerdos comerciales internacionales se firmen con estándares democráticos tan bajos y con tan poca transparencia. ¿Cuál sería una mejor manera de articularlos en el futuro?

Una mejor manera de llegar a acuerdos es obviamente que haya una mayor participación en la toma de decisiones: que trabajadores, ecologistas y otras personas con intereses en la sociedad participen en la negociación, en fijar los términos de referencia. Las disputas inversionista-Estado [cláusulas que permiten a compañías privadas pedir compensaciones si un país regula en contra de sus intereses] ilustran esto. Hay que tener principios claros y decir: ‘mira, no tienes derecho a demandar por una regulación, eso depende del país. Solo puedes demandar por discriminación’.

¿Cómo podemos asegurar un futuro en el que los intereses económicos privados no pongan en compromiso la democracia?

Creo que la plena liberalización del mercado de capitales es particularmente peligrosa, especialmente para los países en vías de desarrollo, porque el capital entrando y saliendo a corto plazo es lo que más compromete a la democracia. En el caso de un país como Brasil, cuando a Wall Street no le gusta un candidato sacan su dinero, el tipo de cambio baja, la gente entra en pánico… puede tener un efecto muy grande en el papel de los mercados financieros en la política. Para mí eso es al menos una pieza importante. En Estados Unidos el principal tema son las contribuciones a las campañas. El dinero está influyendo muy directamente en nuestra política.

¿Cuánto puede crecer la brecha entre los pobres y los ricos sin que haya conflictos sociales?

Tenemos la sensación de que cuando hay más desigualdad, puede haber más conflicto, pero también sabemos que las cosas son más complicadas. Hay personas que dicen que, de hecho, el conflicto no se produce cuando las cosas están mal de verdad, sino cuando están mejorando, pero no mejoran lo suficientemente deprisa; cuando se le da a la gente la sensación de que las cosas podrían ir mejor, sus aspiraciones cambian, pero se decepcionan. Eso puede dar lugar a problemas. Muchos de estos estudios se hicieron en el pasado y hoy es muy diferente. La gente puede ver lo que está pasando en el resto del mundo mucho más fácilmente y su sentido de lo que es posible es diferente. Ahora todo el mundo ve y se pregunta: ‘¿por qué están viviendo mejor que yo?’

El mensaje que estamos recibiendo en Europa o en España es que la economía se ha recuperado, aunque las mejoras pueden ser imperceptibles en el día a día de las personas normales. ¿Cómo podrá defenderse la ciudadanía de un gobierno que le dice que está bien cuando en realidad no lo está?

Creo que es muy peligroso que los políticos digan cosas que son inconsistentes con la percepción de la gente, porque eso conduce a la desconfianza en el gobierno y en las élites. Obama dijo que nos habíamos recuperado en 2009, en 2010, en 2011, cuando el 91% de todas las ganancias fueron al 1% [más rico] y el 99% no se recuperó. El efecto que eso tuvo fue un aumento de la desconfianza en el gobierno. Y contribuyó, creo yo, al triunfo de Trump. Dio la sensación de que el gobierno estaba mintiendo, porque la gente sabía que no estaba mejor y aún así se estaba diciendo que la recesión había terminado. Es extraordinariamente peligroso que los líderes políticos tergiversen lo que está sucediendo en las vidas de individuos ordinarios. En el caso de lo que está sucediendo en España y en Europa la pregunta es: ¿Estás en el punto en el que estabas? Y la respuesta es no. Cuando el desempleo de los jóvenes es del 40%, claramente hay grandes grupos de la población que no lo están pasando bien. Cuando la gente está peor de lo que estaba hace diez años, decirle que están recuperados es un disparate.

La tecnología, la robotización, biotecnología… todos estos campos contienen una promesa de desarrollo económico y progreso democrático. ¿Cómo se distribuirá esta nueva riqueza en el futuro?

Siempre existe este tema de cómo distribuir los beneficios de la globalización, de los avances tecnológicos. El principio general dice que, si la sociedad es más rica, todo el mundo podría estar mejor. Pero depende de la naturaleza del cambio tecnológico. Si es lo que llamamos innovación de ahorro de trabajo, entonces se reduce la demanda de mano de obra y los trabajadores pueden estar peor. Creo que es imperativo en este contexto que tengamos políticas gubernamentales activas involucradas en la redistribución y que nos aseguremos de que, a medida que nos hacemos más ricos, los beneficios se comparten, al menos en parte, entre todos los grupos de la sociedad.

Mientras hablamos, hay industrias que se están transformando de forma irreversible en Silicon Valley. ¿Estamos prestando suficiente atención a este nuevo centro de poder?

Mucho de lo que está pasando tiene que ver con cambios en industria de la publicidad o en una nueva industria de redes sociales. ¿Es tan importante? Es interesante, pero eso no es tan fundamental como otros aspectos de cómo vivimos. Hay que tener cuidado de no comprarle el bombo publicitario a Silicon Valley. Han exagerado su disrupción. Han transformado los taxis, pero parte de lo que están haciendo es arbitraje regulatorio [práctica mediante la cual las empresas capitalizan las lagunas legales para eludir regulación desfavorable]. Airbnb ha transformado el mercado de los hoteles, pero probablemente es porque evita pagar impuestos. Si lo regulamos adecuadamente, con impuestos, no creo que vaya a ser tan rompedor. Las ventajas de Airbnb serían más pequeñas una vez pagaran impuestos y estuvieran regulados. La gente probablemente preferiría ir a un hotel regular que a un Airbnb, aunque todavía sería una industria activa. Esas son dos industrias relativamente pequeñas hasta ahora. A largo plazo habrá grandes problemas con la inteligencia artificial y cómo la manejamos. Se trata de un problema mayor que se remonta a la cuestión de las innovaciones de ahorro de mano de obra, que reducen la demanda y, por lo tanto, bajan los salarios. Si nuestra economía es más rica, podemos imponer impuestos que hagan que estemos todos mejor. Estos son temas más políticos que económicos. La pregunta es: ¿cómo podemos asegurarnos de que los frutos de estos avances se compartan equitativamente?

En la lógica de Trump, la lucha contra el cambio climático es incompatible con un buen desempeño económico. ¿Cuál es el argumento económico para reducir las emisiones de carbono?

Trump no sabe nada de economía, siempre ha hecho dinero con prácticas comerciales turbias, es el prototipo de la búsqueda de renta, de una persona que gana dinero aprovechándose de otras. No es un creador de riqueza, es un destructor de riqueza. No tiene autoridad para hablar de nada. Abordar el cambio climático crearía una economía más fuerte. Por ejemplo, Trump habla de la industria del carbón, pero se están creando más trabajos en los paneles solares que en el carbón. De hecho, hay más instaladores de paneles solares que mineros de carbón. Trump vive en el pasado. No sé si no piensa muy profundamente, si mira las estadísticas, si realmente ha pensado en ello, pero realmente creo que podemos tener una economía más fuerte tratando más efectivamente con el cambio climático.

Los flujos de inmigración podrían ser la solución a las amenazas demográficas que enfrentan los países occidentales: tasas bajas de fecundidad, envejecimiento de la población, preferencias en el empleo. ¿Cómo podría esta narrativa ganar fuerza en el momento antiinmigrante de Trump en EEUU y el de los refugiados en la UE?

En Occidente y el Norte tenemos que ver como nuestra responsabilidad parte de la migración. Hemos sido el principal contribuyente al calentamiento global y el calentamiento global está contribuyendo a la desertificación en el Sahel y creando una gran cantidad de refugiados económicos que, combinado con nuestros subsidios al algodón, están deprimiendo el nivel de su vida y dañándolos. Hemos tenido un efecto muy negativo en muchas poblaciones, así que tenemos la responsabilidad moral de ayudarles a resolver el problema que contribuimos a crear. Desde la perspectiva estadounidense, somos una sociedad que fue creada por los inmigrantes. Me parece intolerable decir que los inmigrantes son un problema, estamos donde estamos por los inmigrantes. La retórica anti-inmigrante es muy peculiar, porque Trump no estaría aquí si su familia no hubiera emigrado. Las únicas personas que tienen legitimidad para quejarse son los indios americanos a quienes los inmigrantes dañaron, y a quienes se les robó su tierra. Pero eso no es de lo que Trump está hablando.

¿Qué medidas cree que podrían ser lo suficientemente disuasivas para evitar que los bancos y el sector financiero vuelvan a causar el daño que ya hemos vivido?

Primero, debemos saber que no podemos confiar en ellos, que engañarán, que se aprovecharán de la gente. La idea de que pueden autorregularse es absurda, es un oxímoron. Tiene que haber regulaciones. Y tenemos que supervisarlos con mucho cuidado. Segundo, no es lo mismo responsabilizar a los individuos que a las corporaciones. Los bancos tuvieron que pagar decenas de miles de millones de dólares, pero los directores ejecutivos se marcharon con su dinero en efectivo. Y no son las corporaciones las que hacen las cosas, son los individuos. Nuestro nivel de rendición de cuentas se ha reducido. Tercero, [los CEOs] necesitan ser responsables financieramente. Si te portas mal, tus bonificaciones se recortan y tu salario debe ser provisional. Si te portas mal, pagas. Esto podría implicar más que responsabilidad financiera, prisión también. Son crímenes de cuello blanco: estaban robando dinero a otras personas de una forma u otra y no hemos hecho lo suficiente. Llegamos muy lejos en la eliminación de la responsabilidad individual y tenemos que traerla de vuelta.

El neoliberalismo o el “fundamentalismo del libre mercado”, como usted le ha llamado, ha dominado las instituciones económicas internacionales desde hace décadas, pero ha fallado a los ciudadanos y ha costado a la sociedad mucho dolor. Como ideología económica, sin embargo, sigue siendo dominante. ¿Por qué y hasta cuándo?

Es una ideología que sirve a ciertos intereses que son muy influyentes. Tienes a personas de la comunidad financiera articulando una visión de la economía, tal y como la ven. Una parte de ella es ignorante, otra es interesada y otra está cegada por un problema de percepción: a ellos les va bien con el neoliberalismo y, por lo tanto, a todo el mundo le va bien. Creo que están empezando a entender que no es tan genial. Estoy esperanzado de que muchas personas del 1% están genuinamente preocupadas, están diciendo: ‘El sistema está roto, y tenemos que arreglarlo’. Mi verdadera preocupación es cómo la gente llega a entender qué no está funcionando bien. Está la historia de Trump, incipiente, una especie de populismo neoliberal: plutócratas tratando de aprovechar los fracasos para poder hacer aún más dinero. Cuentan una historia sobre los extranjeros, sobre haber sido robados… y ha engañado a un gran número de estadounidenses. Y lo mismo en Europa: Le Pen en Francia o muchas personas en España que creen que la austeridad ha funcionado y que la economía se está recuperando. Pero tengo que ser optimista: la democracia funcionará, la mayoría de la gente entenderá que este tipo de populismo trumpista no funciona, que la austeridad no está funcionando y tendrán una mente más abierta hacia políticas que puedan funcionar.

¿También en la Eurozona?

En el caso de Europa hay un aspecto que lo dificulta y es que las manos de los países europeos que son parte del euro están atadas por él. Y el resultado es que te encuentras a los partidos de centroizquierda proeuropeos defendiendo el euro. Pero domina Alemania y su austeridad. Esto ha debilitado al centroizquierda, que sería la fuente de crítica natural a este tipo de populismo neoliberal. Es un gran problema para Europa.

Usted ha defendido que la salida del euro podría tener sentido para algunos países, a modo de “divorcio amigable”.

Podrían irse, pero creo que sería mejor si consiguieran que Europa se reformara. Por ahora, Alemania ha demostrado una reticencia notable a hacer reformas, pero tal vez diga: ‘Si seguimos esta dirección, vamos a desmoronarnos, vamos a estancarnos, vamos a tener movimientos populistas trumpistas, es demasiado peligroso para el futuro’. Se trata de un juicio político sobre si Alemania podrá ser persuadida por el peligro real de la prolongación de su política.

¿Por qué estamos tan apegados al Euro?

Entiendo el caso de Grecia y también el de España. Son países que estaban en la periferia, que tuvieron gobiernos fascistas, así que quieren estar atados al proyecto europeo y han malinterpretado el euro: en vez de verlo como un medio para un fin, lo han visto como un fin en sí mismo. Yo diría: puede que sea necesario dejar el euro para salvar Europa. Han confundido estos trozos de papel con la identidad europea. Y no termino de entender por qué. (eldiario.es)

El Partido Humanista llama a ratificar el tratado de no proliferación de armas nucleares

Las armas nucleares son una de las mayores amenazas para el futuro de la humanidad. Las potencias nucleares poseen la capacidad de eliminar toda la vida en la Tierra, y continúan gastando enormes cantidades de dinero en la mejora de estas armas. Mientras existan armas nucleares, vivimos bajo el constante riesgo de que se usen, ya sea a propósito o por accidente. Esta amenaza nunca ha sido más clara que ahora, cuando apenas pasa un día sin noticias sobre amenazas de uso de estas armas.

Las Naciones Unidas aprobaron el texto de un Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares el 7 de julio de este año. El texto fue aprobado por el voto a favor de 122 Estados miembros. Este es el intento más ambicioso que se haya hecho para librar al mundo del flagelo que representan las armas nucleares.

El Tratado prohíbe una gama completa de actividades relacionadas con armas nucleares, tales como el compromiso de desarrollar, probar, producir, fabricar, adquirir, poseer o almacenar armas nucleares u otros dispositivos nucleares explosivos, así como el uso o la amenaza de uso.

El tratado se abrió a la firma de todos los Estados en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York el 20 de septiembre de 2017 y entra en vigor con la ratificación de 50 países.

El Partido Humanista Internacional hace un llamado para que todos los estados miembros de la ONU, que aún no han firmado y ratificado el tratado, para que lo hagan sin más demoras, y, por lo tanto, contribuyan a las aspiraciones comunes de un mundo sin armas nucleares. Este asunto nos concierne a todos, el futuro de la humanidad está en juego.

Además, el PHI manda felicitaciones a la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN) por haberle sido otorgado el Premio Nobel de la Paz de 2017 por “su trabajo de llamar la atención sobre las catastróficas consecuencias humanitarias derivadas del uso de cualquier arma nuclear y por sus esfuerzos innovadores de alcanzar una prohibición de semejantes armas basada en un tratado.”